Los niños y el lenguaje plástico visual en los primeros años

Seguramente, cuando un bebé de un año y medio hunde su mano en un trozo de masa con la que su mamá está haciendo empanadas, o cuando dibuja con el dedo sobre un vidrio empañado, nadie puede garantizar que será un artista.

Pero lo que sí podemos asegurar es que para llegar a ser algún día un escultor, un pintor o un dibujante habrá que comenzar garabateando, apilando cubos, amasando barro o pintando con los dedos.

Estos primeros pasos explorando materiales y descubriendo sus posibilidades, permiten al niño hacerse más seguro en su uso. Va adquiriendo habilidades, y mientras lo hace, descubre el sentido de cada una de sus acciones.

Al tomar contacto con un material, el niño lo explora y acciona sobre él sin preocuparse más que por conocerlo, por descubrirlo. Las formas van surgiendo y el pequeño disfruta de cada descubrimiento. Estas primeras exploraciones son imprescindibles para iniciarse en un camino que podrá desembocar en lo que en el futuro será un lenguaje de expresión y comunicación.

Para que este camino sea placentero, genuino y enriquecedor, es preciso que los adultos que lo acompañen, tengan en claro de qué se trata y cuál es el papel que deben asumir.

Uno de los problemas más frecuentes que surgen en este tránsito es la inclinación a interpretar las exploraciones de los niños desde lo psicológico. Esta mala costumbre no sólo obstaculiza el desarrollo espontáneo, sino que también preocupa sin motivo a los adultos.

Es bastante usual escuchar: “¡Siempre usa negro! ¿Tendrá un problema?” o “Dibuja y tacha ¿Qué quiere decirme con eso?”

Estos ejemplos se suman a tantos otros donde los adultos tratan de interpretar desde su propio punto de vista las exploraciones de los niños.

Aclararemos los dos ejemplos para continuar sin miedos ni falsas interpretaciones por el placentero camino de las formas y los colores.

Bastará mirar los dibujos de Miguel Ángel, Berni, Picasso, Caloi, Quino y otro dibujante. ¡Todos han usado tinta o lápiz negro!

Desde que se inventó el papel, el hombre ha dibujado sobre superficies claras y por lo tanto ha elegido hacerlo con tinta o lápiz oscuros, para provocar un alto contraste y lograr que su dibujo se vea claramente. Los niños muy pequeños toman un color al azar, o lo eligen porque les gusta, o tal vez porque lo tienen cerca. Al principio no tienen en cuenta sus efectos, pero a medida que se “entrenan en el oficio”, descubren que con negro se ve mejor, y muchos lo eligen por esa razón.

Más tarde intentan rellenar sus dibujos, pero como aún no tienen el control motriz necesario, parece que lo tachan. Esto no les preocupa, porque el interés está centrado especialmente en el placer motriz y sensorial. La necesidad de “producto final bello y terminado” no ha pasado por sus mentes.

Así, ese dibujo que puede parecer tachado, es la manifestación visible del placer motriz y visual que le provoca dejar en una superficie la huella de su acción.

Libres ya de falsas interpretaciones, los adultos podrán observar estas primeras experimentaciones desde otro lugar. Verán que, si bien todos los trazados se parecen, cada uno es diferente. Si se detienen a observarlos con mayor atención aún, descubrirán que encierran la belleza de ser expresiones únicas, irrepetibles y personales y su valor reside precisamente en que son las primeras huellas de las acciones de los niños.

 

Extracto del libro “Arte desde la cuna”

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