Hitos del desarrollo: HABLAR

El Habla

Desde el día mismo del nacimiento hay comunicación entre la madre y su bebé. La madre se comunica por el tacto, la mirada y la voz. En el cuidado físico, en el modo de ocuparse de él, la madre está expresando sus sentimientos hacia el niño, y esto constituye una experiencia psicológica para él. Las madres tienden instintivamente a hablar con sus bebés, no solamente porque ése es el modo habitual de comunicarse entre los adultos, sino también porque su voz salva la distancia. En los ratos en los que no tiene al bebé en sus brazos, su voz es para él como si siguiera teniéndolo cogido. Con frecuencia, la madre habla como si pusiera en palabras lo que el bebé está sintiendo en ese momento, o da nombre a lo que el bebé está mirando. Algunas madres utilizan la voz en este sentido más que otras pero en cualquier caso es vital hablar con el bebé durante la rutina diaria de ocuparse de él, para que se acostumbre a los sonidos y más tarde a las palabras.

En esta edad temprana el bebé se comunica con la madre mediante los mismos sentidos, pero de otra manera. Tal vez el bebé la mire mientras lo alimenta. Cuando ella le habla él mueve los brazos como queriendo acercarse a ella. El bebé vuelve la cabeza hacia el pecho de la madre al sentir su calor y si olor, y al mamas con ganas y tocar el pecho o la ropa de la madre le comunica a ésta el placer que siente por estar tan cerca de ella. Por lo demás, está claro que el modo más importante y más rápido que le bebé tiene de llegar a la madre es con su llanto y sus gritos, cuando está molesto o le duele algo, y las madres aprenden pronto, por instinto o por experiencia, a distinguir el llanto del bebé.

La importancia de hablarle al niño.

Hacia el final del primer año, cuando el bebé se va separando ya algo más de la madre, empieza a emitir sonidos más complejos, más parecidos a palabras, como copiando las palabras que le dice la madre. Expresa el deseo natural de establecer contacto con ella, basado en la experiencia del contacto que supone oír a la madre. Al principio el bebé goza emitiendo sonidos que la madre repite, lo que lo ayuda a ir definiéndolos cada vez más claramente. Los primeros sonidos suelen ser mamá o papá o aba, y más tarde aparecerá la importante palabra: “no”. Mamá, papá y aba, que son las palabras más significativas para el bebé, parecen derivar de los sonidos que el bebé emite de forma natural. Después, las palabras que el niño que empieza a andar va aprendiendo varían según sus experiencias y los intereses de la familia. La edad a la que el niño dice su primera palabra y la velocidad a la que continúa aprendiendo a hablar varía enormemente de un caso a otro. Un niño puede hacer acopio de un vasto vocabulario a edad muy temprana mientras que otro puede tener mucho interés por lo que ocurre a su alrededor y sin embargo seguir con un habla muy simple. Si el niño se muestra despierto en general y se interesa por su entorno, no hay que preocuparse por el hecho de que la adquisición del lenguaje se retrase.

El niño de un año aprende gradualmente a pedir lo que quiere con palabras más que con gestos, aunque al principio gestos y palabras vayan juntos y las palabras representen sólo una parte de la comunicación. Con frecuencia la situación se comprende por sí misma sin palabras, o basta con el tono de la voz de la madre sin que el niño necesite diferenciar las palabras. Así es como la madre va enseñando al niño a hablar, y a partir  de esas situaciones que no ofrecen ninguna duda el niño va cogiendo las palabras nuevas que hacen al caso. Al hablar con su niño la madre debe repetir frecuentemente una palabra o una frase pronunciada claramente; pero también debe hablarle con frases seguidas, para que el niño comprenda que hay conexión entre las palabras. Eso también es algo que la mayoría de las madres hacen desde muy pronto, aún a sabiendas de que el niño no comprende todavía las palabras en sí. Mientras le prepara la comida le va diciendo al niño lo que está haciendo, o mientras lo viste le va diciendo a dónde van a ir, y lo que harán cuando vuelvan a casa. Así, oír de esa manera las palabras de la madre acostumbra al niño a sonidos y palabras en un contexto agradable en el que se siente incluido. Además, su experiencia se enriquece al oír los diferentes tonos y cadencias de esa voz de la madre, experiencia que utilizará más tarde cuando haga él mismo sus frases, como quedará demostrado cuando un día oigamos al niño hablar con una voz que es claramente la nuestra.

Las canciones de cuna junto a juegos de movimiento del tipo de “cinco lobitos tiene la loba…” o “Aserrín, aserrán las campas de San Juan…” son muy útiles a la vez que divertidas. El bebé se familiariza con las palabras mediante la constante repetición en el contexto placentero que proporciona el contacto físico con la madre o el padre.

El desarrollo del lenguaje implica también el de la capacidad de razonar, de establecer relaciones, de prever la acción siguiente. A sus 18 meses a Michael le encantaba que lo llevaran a casa de su abuela, desde donde podía ver pasar los trenes muy de cera. Antes de que apareciera un tren ya estaba diciendo, en tono entre pregunta y aserción, “va a venir trenes”. Había aprendido a acordarse de las visitas anteriores y a asociar la visión de los raíles con la llegada de los trenes. Su voz adquiría tonalidades muy ricas, indicativas de impaciencia y gozo anticipado. Parecía que decir las palabras en esos tonos lo ayudaba a soportar la espera, algo que nunca es fácil para un niño pequeño.

 

 

La importancia de escuchar al niño.

Así llegamos a uno de los factores más importantes en el aprendizaje del habla. El niño no es capaz de coger al vuelo sin más el lenguaje de los adultos que se produce a su alrededor.

Necesita que la madre y otros miembros de la familia le hablen a él y que escuchen sus respuestas. Los niños que se crían en instituciones y carecen de una madre o de un sustituto materno que consagre tiempo y atención primero a sus balbuceos y luego a sus palabras no llegan a adquirir más que un vocabulario muy limitado. También los niños pequeños de familias numerosas pueden ser lentos en empezare a hablar, debido a que, si bien puede haber mucha habla a su alrededor, quizá no haya nadie que se tome el tiempo de hablarle a él y de escuchar con calma lo que él trata de decir. Los esfuerzos del niño por hacerse entender se pierden en la barahúnda general. En las familias en las que han precedido ya muchos otros hermanos y hermanas pueden ocurrir también que se prevean con demasiada rapidez las necesidades del niño y que no se lo deje esforzarse en encontrar el mismo las palabras apropiadas.

Uno de los mejores modos de ayudar al niño a comprender palabras al mismo tiempo que enriquece su saber es sentarse con él en un ambiente tranquilo, por ejemplo en la cama, a mirar juntos un libro de estampas… El niño empieza por disfrutar oyendo a la madre o al padre hablarle de las estampas, y termina por animarse a decir palabras él mismo. Llegar a ser capaz, por ejemplo, de mirar la representación de una taza e imaginársela y pensar a cerca de ella, es ya para el niño un paso intelectual importante que va más allá de simplemente ver lo que está en frente de él. Estar en las rodillas de la madre o a su lado o al lado del padre al final de un día cansado reconforta al bebe y le hace asociar el acto de aprender con el placer compartido y con el sentimiento de seguridad.

Extractado de “Comprendiendo a tu hijo de 1 año”. Deborah Steiner de la Clínica Tavistock.

 

Hitos del desarrollo: ANDAR. Una visión diferente del mundo

Cuando el niño adquiere la capacidad de trasladarse por sí solo, de ir él solo a otra habitación para buscas un juguete, para ver lo que hay o, simplemente, por el placer de andar, el mundo se convierte para él en algo muy diferente de lo que era hasta entonces. Al ponerse de pie cambia el plano de visión del niño, ya que ve desde más arriba, y además sus manos quedan libres. La inclinación natural a explorar, que hasta entonces hubo de quedar limitada a su propio cuerpo, al de la madre y a las cosas que se le deban, ahora es realizable en mucha mayor medida. Ahora el niño puede tocarlo todo, y tocar cosas situadas a mayor altura. Los armarios de la cocina, las estanterías, los pomos y picaportes, los interruptores, los cajones; todo se hace de pronto pasto de su curiosidad. El niño que acaba de comenzar a andar está todo el tiempo en movimiento, como si tuviera que practicar y perfeccionar esa habilidad nueva de andar. Con frecuencia el niño pasa a esta edad por una etapa de júbilo en que parece encantado consigo mismo e insensible a los golpes y a las caídas. Parece como si estuviera repleto de un sentimiento de omnipotencia, como si el mundo fuera suyo.

Una vez de pie, más identificado que antes con el mundo adulto y tomando ya decisiones sobre sus idas y venidas, el niño empieza a explorar psicológicamente el hecho de separarse más y más de su madre. Las crecientes expresiones de independencia van acompañadas de sentimiento de mayor seguridad en sí mismo, sentimientos que con frecuencia sus padres no perciben y que él quiere que le sean reconocidos. Esto exige reajustes emocionales, sobre todo por parte de la madre, que siente pena al ver que la relación exclusiva que tenía con su bebé va cambiando rápidamente. Las madres, para las que esa intimidad absoluta con su bebé era especialmente gratificante, pueden tener dificultad para aceptar esa nueva actitud afirmativa del niño que ya anda.

Lo curioso es que la progresiva separación de la madre le trae al niño nuevas ansiedades. El niño se sabe menos indefenso que antes pero, al mismo tiempo, al ser más consciente de todo se va dando cuenta de lo mucho que no puede hacer y de que el mundo no es suyo ni está bajo su control, como antes creía. Se siente herido en su autoestima al verse obligado a reconocer su pequeñez y su vulnerabilidad, y sufre al comprender que su madre, que sigue siendo el centro de su mundo, es un ser independiente que tiene sus intereses y deseos propios, distintos de los suyos. Siente miedo a perderse o a ser abandonado, y ese miedo produce conductas típicas en los niños que hace poco que han comenzado a andar. Es frecuente que se desprenda de las rodillas de la madre y eche una carrerita para, acto seguido, volver rápidamente a la madre como si quisiera sentir la seguridad de que está todavía allí, de que puede volver a ella en el momento que quiera. Es curioso ver que bastan cinco o diez minutos de “recarga” emocional junto a la madre para devolver al niño la fuerza para volver a salir disparado a reanudar sus exploraciones. Otra actitud es la del niño que se desprende y se marcha corriendo pero no vuelve, obligando a la madre a ir en su busca. Con frecuencia esto se convierte en un juego del que el niño repleto de energía disfruta mucho, y a veces también lo hace la madre, aunque tenga menos energía que el niño. Además de ser un juego, el niño intenta asegurarse, con esta conducta, de que la madre esté atenta a él y no permita que se pierda. También pretende someter a prueba la buena voluntad de la madre para permitir sus intentos de libertad. Muchos otros niños que empiezan a andar sólo quieren caminar agarrados a un dedo de la madre como si ésta fuera un mero apéndice del niño, una especie de andador mecánico.

 

OSCILACIONES ENTRE INDEPENDENCIA Y APEGO

Con frecuencia, con los brotes de independencia y las escapadas que hace el niño se intercalan ataques de apego a la madre en los que se muestra tímido e incapaz de hacer nada él solo. No quiere que la madre se aleje de su vista, como si de pronto le hubiera dado miedo tanta libertad y quisiera volver a ser el bebé de su mamá. Sigue a su madre a todas partes agarrado a su falda, llora para que lo coja y no la deja ni tan siquiera ir al retrete sin él. En algunos niños estos ataques de apego llegan a ser desconcertantes. Otros niños pasan por tales con menos insistencia. Hasta cierto punto es cuestión de temperamento. Para la madre la dificultad radica en ajustarse a esos cambios. Necesita dejar que el niño vaya a su ritmo y ver, casi siempre intuitivamente, cuándo ha de animar al niño que está pasando una fase excesiva de apego y cuándo frenarlo si se excede en su independencia. A veces, en este período el niño no sabe exactamente lo que quiere, si quiere que lo dejen en libertad o si quiere que se lo mantenga pegado a uno. La madre de Barney pasó por un corto período en el que el niño lloraba y gemía para lo que cogiera, y tan pronto como lo tenía sobre sus rodillas, lloraba otra vez para que lo dejara bajarse. Parecía querer ser capaz de apartarse de su madre y  al mismo tiempo no estar seguro de que debiera hacerlo.

A muchas madres les preocupa que su niño que tiene ya un año pierda ímpetu y quiera volver a ser un bebé, temen que no avance y no llegue a ser independiente. Hemos de tener presente que a esta edad la independencia no es más que relativa, y que las incursiones en el mundo adulto todavía no son seguras; en realidad el niño es aún muy pequeñito y tiene mucha necesidad física y emocional de su madre.

Extracto de “Comprendiendo a tu hijo de 1 año”. Deborah Steiner de la Clínica Tavistock.

Por qué son tan importantes los pies del bebé

Los padres muchas veces insistimos en ponerles los zapatos a los bebés, incluso cuando no los necesitan, porque no caminan.

Sabíamos lo cómodos y felices que están los niños explorando sus pies descalzos. Ahora, un estudio señala que la costumbre de calzar precozmente a los bebés y los niños puede afectar negativamente a su desarrollo y que, por contra, los niños descalzos desarrollan mejor su inteligencia:

En la actualidad hay una tendencia a calzar a los niños precozmente. Existen calzados denominados calzado para preandantes y calzado para gateo. En este artículo se pretende ofrecer argumentos científicos que justifiquen la necesidad de dejar descalzos los pies de los bebés no andantes. Como método se ha utilizado el análisis y lectura crítica de distintas fuentes bibliográficas en relación al desarrollo psicomotriz del niño, tratados de neurología y las principales Teorías sobre el desarrollo de la inteligencia en el niño. Encontramos que el movimiento físico y el estimulo sensorial del bebé a través de los pies descalzos es factor de aceleración de maduración, del desarrollo propioceptivo y del desarrollo intelectual del niño.

Así comienza el estudio, titulado “Podología preventiva: niños descalzos igual a niños más inteligentes“, elaborado por Isabel Gentil García, Profesora de la Escuela Universitaria de Enfermería, Fisioterapia y Podología de la Universidad Complutense de Madrid.

En él, se hace una crítica a la profusión de publicidad y comercios de calzado para “preandantes”, así como a la excesiva recomendación pediátrica de calzar a los bebés. En su opinión, este acto solo debería ser necesario con el fin de abrigar los pies, y como demostración ofrece argumentos científicos que justifican la necesidad de dejar descalzos los pies de los bebés no andantes, a través de un enfoque interdisciplinar.

Por qué son tan importantes los pies del bebé

Desde el punto de vista del desarrollo neurológico y de la sensibilidad táctil, los pies del recién nacido tiene una sensibilidad mucho más fina que la de la mano hasta los ocho o nueve meses.

Por ello en los primeros meses los pies tienen una función esencial: informar del mundo exterior al bebé, que toca con ellos todo lo que tiene a su alcance, los manipula con sus manos y los lleva a la boca donde las terminaciones nerviosas sensitivas son mayores. A partir de esta edad el pie de forma gradual pierde este tipo de sensibilidad.

El hecho de calzar continuamente a los bebés que no caminan les priva de información táctil y la percepción de la posición y movimiento de los pies en relación con el espacio, que juegan un papel importante en el sistema nervioso central. Por ello para la maduración de las habilidades motoras son necesarios el desarrollo de la coordinación visual manual y la adquisición de estas informaciones táctiles y perceptivas.

El estudio además se basa en las etapas de Piaget de desarrollo de la inteligencia, centrándose en la primera, en la etapa sensomotriz (desde el nacimiento a los dos años), cuando son importantes la manipulación, el movimiento y aprender a organizar de forma hábil la información sensorial. Se adquiere la primera noción del yo, del espacio, del tiempo y la idea de causalidad.

Sin duda los pies, como receptores privilegiados, contribuirían a un mejor desarrollo de la inteligencia del bebé, y ello es así porque la inteligencia se desarrolla mediante:

  • La maduración del sistema nervioso, esto es la capacidad de diferenciar y discriminar cada vez un mayor número de estímulos y tiene que ver con la diferenciación de las células nerviosas.
  • La experiencia de interacción con el mundo físico, esto es la manipulación, el manejo de los objetos. Significa conocer el funcionamiento de los objetos a través de manipular con ellos. El desarrollo de la inteligencia no sería posible sin esa manipulación, pues la maduración del sistema nervioso no es independiente de la experiencia. Junto a las manos y la boca, los pies también tienen un papel fundamental.
  • La necesidad de aprender. La mente humana tiende al equilibrio cognitivo. Cada vez que hay un estímulo exterior que no comprendemos tendemos a comprender. El sistema cognitivo tiende a buscar nueva información para reequilibrar, por eso el interés por aprender tiene que ver con buscar estructuras de conocimiento cada vez más complejas y estables.

Además de Piaget la autora se centra en otros autores para demostrar su teoría, y es que al final todos coinciden que el desarrollo es fruto de una compleja interacción entre el ambiente y el organismo y que uno de los factores ambientales que más interviene en su desarrollo es el propio cuerpo y su autoconocimiento.

Una de las imágenes más graciosas que descubrimos del bebé hacia los tres meses es que se mira y se toca las manos y los pies con curiosidad. Empieza a descubrir su cuerpo, y los zapatos en buena medida le restan sensibilidad, movimiento… A partir de los seis-siete meses, los bebés se suelen llevar los pies a la boca en ese proceso de autoconocimiento y aportando nuevas sensaciones y experiencias motoras que contribuyen al desarrollo de su inteligencia.

Además, el hecho de apoyar el pie descalzo en todo tipo de superficies, también irregulares, contribuye al desarrollo muscular. El calzado denominado preandante o el calzado para el gateo impide recibir sensaciones, además añade un peso excesivo a los pies impidiendo que se muevan libremente. Todo ello explica por qué los niños, cuando tienen un mayor control de su cuerpo, se quitan los zapatos continuamente.

Unos calcetines valdrían para que no tuvieran frío, aunque si los bebés se suelen llevar los pies a la boca no son convenientes, y de todas formas aprenden muy rápidamente a quitárselos también. Y, como comenté hace tiempo, considero que los zapatitos para bebés son muy bonitos pero poco útiles, mis hijas los llevaron realmente poco, también por el tema del precio: probablemente sean las prendas más caras en relación a su tamaño.

En definitiva, el estudio concluye que calzar a los más pequeños cuando aún no saben caminar puede perjudicar su desarrollo, y que esos zapatos “preandantes” no tienen justificación. Parece esta una nueva razón para dejar que los niños, si no hace frío, vayan descalzos por casa, aunque nos bastaba con ver lo cómodos y lo contentos que estaban explorando los pies, ¿no les parece?

Artículo tomado de bebesymas.com

La importancia de la música en edades tempranas

La importancia de la música en edades tempranas

La relación con la música en los niños

Autor: Lic. Luciana, Licastro

Escuchar la música de un niño es estar en sintonía con sus sonidos, ritmos y melodías. Es compartir y disfrutar de una vivencia mutuamente gratificante; es dialogar y sobre todo darle un valor a esa experiencia padres-niño única e irrepetible para cada relación. El intercambio de una vivencia sonora entre padres y niño fortalece los vínculos en edades tempranas, y se configuran modos de relación que luego el niño utilizará para establecer nuevas y posteriores relaciones.

La música en un niño es un medio expresivo y de comunicación, pero más aún es una forma de vínculo con los otros. A través de ritmos y melodías los niños vivencian sensaciones y sentimientos que generan diferentes aprendizajes en continua relación e intercambio con el “mundo”, las personas y los objetos. Dar lugar a estas manifestaciones musicales–sonoras es dar lugar a que un niño pueda experimentar, explorar y conocer a través de iniciativas propias, nuevas experiencias que favorecen el aprendizaje basado en las emociones.

La música es un lenguaje. Una organización que introduce a los niños a los sonidos y significados de las palabras, y a su vez permite el desarrollo de la memoria. La música puede ser el motor para desempeñar habilidades motrices, intelectuales, sociales, y emocionales. Escuchar música adecuada a su edad, permite el descubrimiento de estructuras verbales que, a través de un juego espontáneo del niño en relación con lo que suena, puede ir explorando y consolidando la comunicación verbal y el lenguaje. A medida que un niño va creciendo, va dando lugar a otras estructuras musicales, es decir, pasa de estructuras sonoras simples a cada vez más complejas, lo cual va aumentando y enriqueciendo no sólo su búsqueda sino también que va acompañando los procesos del pensamiento y su creatividad.

Vale aquí una aclaración; la música en sí misma no le da un sentido al niño, sino que es a través del intercambio constante y vincular con los otros-padres, que un niño le da un valor específico. Es por lo tanto un lenguaje afectivo y vincular. Más aún en edades tempranas, donde se desarrolla toda la comunicación pre-verbal, es decir previa al lenguaje, representada en gestos, sonidos, miradas, risas, contacto corporal y visual, etc. donde prevalece la comunicación y las manifestaciones no verbales, sonoras y corporales. Estar atento a esos intercambios por parte de los padres es fundamental. Cuando un bebe o un niño pequeño realiza una acción que se traduce en intención de comunicar, poder devolverle una respuesta favorece a su expresividad y dará lugar a otras manifestaciones como la palabra y otras formas de expresión. La ausencia de respuestas reiteradas generará en el niño cansancio y falta de incentivos para volver a iniciar espontáneamente un círculo en la comunicación. Un ejemplo simple de cómo se conforma un círculo en la comunicación es el siguiente: un niño extiende su mano y la madre le responde mostrándole la suya, así sucesivamente permite el inicio de un juego e intercambio corporal que se va retroalimentando.

Por otro lado, la canción como expresión musical emitida por la madre cobra un valor fundante, es escuchar la voz de la madre, es ese movimiento que acaricia y envuelve, sostiene y además posibilita el encuentro. Cumple un papel importante a la hora de instalar rutinas como el levantarse y el acostarse, como el pasaje de diferentes momentos que se intentan instalar en la vida cotidiana (ir hacer las compras, guardar los juguetes, etc.). Es un vehículo a la exploración vocal, al uso de la imaginación y de la creatividad. A los niños les encanta inventar canciones, armar representaciones e intercambiar con los otros, favorece su sociabilización en los vínculos primarios, como posteriormente el intercambio con niños de su edad.

En síntesis, la música está en todas partes: en un gesto, un movimiento, una voz, una palabra. Es fundante en la experiencia temprana con niños ya que acompaña los procesos de crecimiento y da lugar a infinitas manifestaciones; vinculares y sociales emocionales y de aprendizaje.

Bibliografía:

Licastro, L (2007) “Escuchar en sintonía a un niño”Ponencia presentada en las segundas Jornadas de Musicoterapia, Buenos Aires, Hospital General de Niños Dr. Ricardo Gutiérrez, agosto.

Hoffmann, M. (2006). Los Árboles no crecen tirando de las hojas. Buenos Aires: Del Nuevo Extremo. [Primera edición, 2003].

Stern, D (1990) Diario de un bebe. Que ve, siente y experimenta el niño en sus primeros cuatro años. Buenos Aires. Paidos.

La importancia de la música en edades tempranas

Beneficios de Comer SOL@S

 

*Es placentero. Comer debe ser algo para disfrutar, tanto para bebes como para adultos.  Tener un rol activo en nuestra alimentación, elegir que comer, que cantidad y a qué velocidad  hace que el momento de la comida sea placentero, ameno, divertido.

 

*Es natural. Los bebes están programados para experimentar y explorar, así aprenden. Usan  sus manos y boca para conocer cualquier clase de objetos, incluida la comida. Teniendo la  oportunidad de comer solo el bebe puede descubrir la comida a su tiempo y seguir sus  instintos para comer cuando esté listo, como cualquier otro animal.

 

*Es seguro. Sentir una pieza de comida en la mano y luego llevarla a la boca hace que  puedan ir aprendiendo como masticar y mover la lengua dentro de la boca según sus  características. Esto es muy importante ya que previene que se lleven a la boca pedazos muy  grandes que no pueden ser masticados. Lidiar desde el inicio con distintos tamaños y  texturas de comidas hace también que sean menos propensos a atragantarse.

 

*Desarrolla potencial. Usando sus manos para agarrar comida y llevarla a la boca practican  coordinación ojo-mano y su destreza manual.  Esto puede ayudar con el desarrollo de las  habilidades de escribir y dibujar. Y practicar movimientos masticatorios ayuda con el  desarrollo de los músculos que luego se usaran para hablar.

 

*Genera confianza. En las propias habilidades del bebe y en su capacidad de juicio. Y en la  comida. Dejar a un bebe rechazar un alimento si así lo quiere hace que no tengan miedo ni r  recelo en probar cosas nuevas, ya que sabrá que pueden dejarlo si no les gusta.

 

*Incorpora al bebe a la mesa familiar. Esto es muy divertido para el bebe y además le  permite copiar lo que hacen sus padres, por lo que usara cubiertos y cumplirá las normas s  sociales que se espera de él en el futuro naturalmente.

 

*Es saludable. Elegir que comer, cuanto y a qué velocidad, según su propio instinto hace que  coman lo que necesitan y no se llenen de mas, previniendo la obesidad en el futuro.

Karina Eilenberg
Mamá de Luana. Médica graduada de la UBA. Especialista en Pediatría
Primer Programa Argentino de Formación en Primera Infancia y Crianza (Fundación Buenos Aires)
Escuela de capacitación profesional de Laura Gutman.

Sabrina Gatti Wosner
Mamá de Olivia. Médica graduada de la UBA. Especialista en Medicina General y Familiar
Posgrado universitario de Medicina Ayurveda y Posgrado de perfeccionamiento en Medicina Ayurveda (Fundacion de salud PREMA, certificados por la UBA)
Posgrado a distancia en Fitomedicina (Dr Jorge Alonso. Asociacion Argentina de Fitomedicina).

Para poder conocer más sobre su formación y su propuesta pueden ingresar a http://www.olilutalleres.blogspot.com.ar/

Papillas. Qué hay de malo con ellas?

Nada de malo! Simplemente NO SON NECESARIAS.

Por que los bebes comen papillas??
  Hace más de 80 años la lactancia materna cayó en popularidad,  y se empezó a alimentar a los bebes con leche de vaca. Las necesidades nutricionales de un ternero son muy diferentes a las de la cría humana, por lo que a pesar de diluir la leche y agregarle azúcar y aceite (“formula”) empezaron a aparecer enfermedades por carencias nutricionales, como escorbuto, raquitismo, anemia.  Por este motivo se empezó a introducir alimentos en bebes muy chiquitos, de 2, 3 meses. La única manera que un bebe que casi ni sostiene la cabeza trague alimentos es procesándolos y haciéndolos casi líquidos.

Con el correr de los años la “formula” se mejoró, la industria farmacéutica se ocupo de “maternizar” la leche de vaca, añadirle vitaminas, minerales, probioticos, etc. por lo que no fue necesario seguir comenzando la alimentación complementaria de manera tan temprana.  Por que entonces los profesionales de la salud seguimos recomendando iniciar la alimentación complementaria con papillas?  A los 6 meses un bebe sano es capaz de agarrar objetos y llevarlos a la boca, por lo tanto puede por si mismo agarrar un trozo de comida y conocerlo, descubrirlo y  saborearlo con su boca.

Mientras muchos bebes que son alimentados de esta manera disfrutaran la comida en el futuro, dar de comer con cuchara y papillas puede traer problemas en la vida adulta. En parte por la consistencia de las papillas, pero sobre todo por el control que tiene el bebe sobre lo que come.

*No requiere esfuerzo. La consistencia de las papillas hace que sean fáciles de chupar de la cuchara, no es necesario masticar. Si un bebe no tiene la oportunidad de experimentar con comida que necesita ser masticada cerca de los 6 meses las habilidades masticatorias pueden retrasarse. Bebes que no toman contacto con piezas de comida antes del año  puede que no aprendan a lidiar con grumos, y quieran comer papillas por mucho tiempo (OPORTUNIDAD PERDIDA)  Aprender a masticar es importante por muchas razones, incluyendo el desarrollo del habla y la buena digestión de la comida. En esta segunda mitad del primer año de vida del niñ@  todo es curiosidad. Descubrir un alimento (o un objeto), lograr alcanzarlo, llevarlo a la boca, degustarlo, conocerlo, no solo resulta un maravilloso desafío, sino una fuente extraordinaria de conocimiento.  Acompañar este aprendizaje  implica respetar sus tiempos y confiar en nuestro bebe.

*Riesgo de atragantamiento igual o mayor que con trozos.  El mayor riesgo para que una persona (sea bebe o adulta) se atragante e incluso ahogue, radica en que OTRA persona este manipulando los utensilios, y la comida. Solo basta recordar cuando alguien nos intenta dar agua en un vaso, sin que nosotros intervengamos, como solemos atorarnos. Muchos bebes se atragantan con papillas cuando estas son introducidas, ya que al succionarlas de la cuchara al fondo de la garganta gatillan el reflejo  del vomito. Es mas difícil para el bebe aprender a evitar atragantarse cuando es alimentado con papillas que cuando el manipula sus propios trozos de comida. Tener el control sobre lo que comen les permite probar nuevos sabores y texturas en la parte de delante de la lengua, y si no les gusta, escupirlo fácilmente. Esto se complicaría con las papillas, que, como ya mencionamos,  son succionadas directamente al fondo de la boca.

*Autonomía. Autorregulación. Ser alimentado por otra persona implica que el bebe no tiene el control de cuanto come, ni cuan rápido lo hace. Habitualmente comen rápido y asi es mas fácil comer mas de lo que necesitan. Cuando esto sucede persistentemente interfiere con la habilidad de sensar cuando uno esta lleno, lo que puede traer problemas de sobrepeso en el futuro.

*Comida para descubrir. Leche para nutrir. La leche (materna o de formula) es la principal fuente de nutrientes para los bebes menores de 1 año.  Si un bebe es alimentado con papillas corre riesgo de ser alimentado de mas, con lo que perderá el apetito por la leche. Como resultado puede recibir menos nutrientes de los que necesita.

* Los niños aprenden jugando. Ser alimentado por otra persona no es tan divertido como comer solo. Intentando agarrar un pedazo de comida el bebe se divierte, y aprende. Permitiéndoles hacer esto no solo hace mas agradable el proceso sino que también hace que los bebes sean mas confiados con la comida.

Por supuesto que los bebes pueden comer purés, sopas, cremas, etc.  El problema surge cuando es lo único que comen!

El inicio de la alimentación complementaria puede tornarse realmente tedioso si se confunde el foco. El objetivo de empezar debe centrarse en DESCUBRIR, EXPLORAR, CONOCER, DISFRUTAR los alimentos tal cual son y mantener la lactancia o tomas de leche maternizada como se venía haciendo. La nutrición de nuestros hijos ha venido siendo A DEMANDA los primeros 6 meses de vida. No existe razón para creer que debe dejar de serlo los próximos 6 (ni nunca). Confiemos y respetemos SU DEMANDA.

Queremos enseñarles a comer? No nos preocupemos. Ellos solos lo irán descubriendo. Somos los adultos los que nos debemos animar a acompañarlos.

 

Karina Eilenberg
Mamá de Luana. Médica graduada de la UBA. Especialista en Pediatría
Primer Programa Argentino de Formación en Primera Infancia y Crianza (Fundación Buenos Aires)
Escuela de capacitación profesional de Laura Gutman.

Sabrina Gatti Wosner
Mamá de Olivia. Médica graduada de la UBA. Especialista en Medicina General y Familiar
Posgrado universitario de Medicina Ayurveda y Posgrado de perfeccionamiento en Medicina Ayurveda (Fundacion de salud PREMA, certificados por la UBA)
Posgrado a distancia en Fitomedicina (Dr Jorge Alonso. Asociacion Argentina de Fitomedicina).

Para poder conocer más sobre su formación y su propuesta pueden ingresar a http://www.olilutalleres.blogspot.com.ar/

A Dormir se Aprende…

Las “buenas noches” de los chicos…y de los padres
 
A los chicos no les gusta irse a dormir
¿Qué hacer cuando un niño no duerme durante el día?
¿Qué hacer cuando un niño se despierta muchas veces durante la noche?
¿Cómo hacer para que no duerma entre papá y mamá?
¿Qué hacer con un niño que tiene miedo de dormirse?
¿Cuántas horas tiene que dormir un niño para descansar bien?
¿Cómo enseñarle a dormir?
¿Cómo preparar a los niños para la hora de dormir?
Que duerman con muñecos, ¿ayuda?

El sueño es esencial para la salud y el desarrollo de los bebes y de los niños pequeños. Los niños que duermen lo suficiente se sienten  mejor y son menos propensos a  tener dificultades durante el día, especialmente, irritabilidad. Por eso es importante que los padres ayuden a sus niños a desarrollar buenos hábitos de dormir desde sus primeros meses de vida.
Aprender a dormir es algo que requiere algunas pautas  por parte de los padres para que el  bebe y el niño reconozcan que llegó la hora de ir a la cama

Las rutinas durante el día y también durante la noche ayudan a que puedan reconocer el momento de dormir como así también el tiempo para disfrutar despierto, para jugar, para compartir con papá y mamá antes de llegado el momento de acostarse
Cada niño tiene sus necesidades y preferencias a la hora de dormir pero si se despierta durante la noche lo mejor es mantener luces tenues y evitar todo aquello que pueda estimularlo para que pueda reconocer que debe volver dormirse por si mismo. “La preparación para el sueño nocturno puede ser  mediante un ritual o rutina como un baño caliente o una ultima comida, una actividad juntos que incite y anticipe que el momento y sueño se acerca.

“Los papás deben tener en cuenta que si permiten a los niños dormir en su cama como una excepción están resolviendo ese día la situación pero a largo plazo puede complicarla. Lo mejor es procurar actividades que incentiven al niño a dormirse en su cama
Cuando los niños tienen miedo de dormir es conveniente que los padres brinden contención y respeto a ese miedo, lo mejor es hablarles, acompañarlos hasta la habitación, mostrarles que no hay nada que temer y decirles que mamá y papá están cerca, cuidándolos. Los chicos necesitan contención.

“La tarea de los padres es ayudar a que los chicos elaboren la pérdida de transitoriamente de no estar con papá y mamá. Decirles ‘hasta mañana’ o ‘mañana seguimos jugando’, darles noción de continuidad de la relación, ayuda. Ese pasaje del tiempo juntos al tiempo separados algunos chicos lo transitan tranquilos y otros no tanto.
“El mayor logro que puede tener un chico al dormirse solo es que aprenda a cuidarse y acunarse a sí mismo. Que posea sus propios recursos para dormirse solito”

  • Hasta el año y medio no hay tanto caos ni conflicto si se manejan bien las rutinas.
  • A partir de los dos años el mundo simbólico se amplía, los niños entran en un proceso de creciente autonomía y les es más difícil el tránsito natural de la vigilia al sueño.
  • Aparecen conflictos frente al momento que el adulto impone ir a dormir.
  • La noche devuelve recuerdos, sueños, temores, miedos y hasta alguna pesadilla o terror nocturno.Entonces, ¿qué necesitan los bebes y los niños pequeños?Amor, contacto, protección, piel, palabras, tranquilidad, aprendizaje de primeros rituales y hábitos, primeros acuerdos entre papá y mamá, códigos en común.
    Las condiciones básicas  a la hora de adquirir un hábito.
  • Primero:

– Confianza, constancia, repetición, y secuencias claras.
– Anticipación y preparación para el momento de ir a la cama.

  • Para luego:

–  lograr la flexibilidad sin que se convierta ese momento en un caos familiar.

¿Cómo conocerlos y ayudarlos a conciliar el sueño?

  • Sabiendo que los bebes duermen muchas horas.  Según su edad esta cantidad va disminuyendo. Al principio esta regulada por los ritmos de su alimentación y luego, pueden tener momentos de vigilia y juego antes de volver a dormirse.
  • Es importante llevarlos a dormir cuando uno detecta que es el momento.
  • Tratar de que se queden en sus cunas.
  • Responden bien cuando somos firmes. Se instala la rutina.
  • Los niños mayores de un año son más activos, más autónomos, más demandantes.
  • Van, vienen, bajan de sus cunas sin barrotes, suben a la cama de los padres, llaman, lloran a los gritos, entonces…

¿Qué necesitan? y ¿Qué necesitamos?

  • Descansar varias horas seguidas.
  • Tiempos para cada uno. El bebe, para estar con papá y mamá, con mamá a solas, con papá a solas
  • Exclusividad diurna y exclusión nocturna. Es una paradoja difícil.
  • Limites y consignas claras.
  • Tiempos para cada uno. Nosotros (papá y mamá), ¿cuándo estaremos…¡¡¡al fin solos!!!??
  • Comunicarnos y ponernos de acuerdo en cómo queremos hacer las cosas.
  • Las nanas y los cuentos, las rimas, los objetos, las historias,  son el antídoto y la magia antes de dormir que calman y los hace sentir que no están tan solos, aunque lo estén físicamente en sus camitas.

¿Por qué y para qué hay que irse a dormir?

  • Porque descansar repone fuerzas y energías (discurso de los adultos).
  • Para generar un corte, un orden, introducir los tiempos de espera y las rutinas.
  • Es importante: traducirlo en palabras y acciones. “Sé lo que te pasa pero igualmente vamos a dormir… ”mañana seguís…”
  • Los niños no lo tienen muy claro, aunque lo vivan en el cuerpo.
  • Los chicos sienten que cuando lo que se está haciendo da mucho placer “no se puede parar”.
  • PARAR es: Aceptar ese momento, reconocer el cansancio, y postergar “las ganas” para mañana.
  • Dormir es algo más que una rutina.
  • Es poder organizar su deseo y ayudarlo a detenerse y volver a empezar.
  • Es más que una consecuencia orgánica o biológica.
  • Es encontrarse con sus propios recursos, como pieles que lo envuelven y protegen cuando se quedan solitos  para cuando llega el sueño.
  • Es importante tratar que se duerman en sus cunas o camas, e introducir frases que ayuden a separarse momentáneamente.
  • Darle lugar y tiempo para los rituales y así  meterse en la noche y que sea placentera y calma. No apurarse.
  • La noche no es ultra silenciosa. Depende de cada casa y familia.
  • Con niños pequeños es bueno hablar de la noche, contar historias  e inventar juntos algún cuento “anti-miedo.”

Posibles causas y consecuencias de un mal dormir.

  • Hábito no construido
  • Cólicos
  • Enfermedades
  • Comidas nocturnas
  • Hiperactividad diurna
  • Cambios – Mudanzas
  • Angustia

Puede provocar

  • Sueño cortado
  • Terrores nocturnos
  • Pesadillas
  • Insomnio
  • Sonambulismo
  • Miedos
  • Apneas
  • Enuresis

Para concluir es saludable como persona, como pareja, como familia preguntarme cuando “no estamos durmiendo bien, hace mucho!!”

  • Cómo estoy yo.
  • Cómo están los demás miembros de la familia.
  • Pensar si hay algún acontecimiento familiar nuevo.
  • Como es el clima y ambiente en casa a la hora de ir a la cama.
  • Tener en cuenta el temperamento y personalidad del niño.

Hay infinitas preguntas vinculadas al buen y al mal dormir. Cada familia encontrará las respuestas. Lo importante es poder interrogarse porque abre la posibilidad de un cambio, y por ende augura que ese movimiento traerá seguramente bienestar a todos… y más horas de descanso y sueño.

Lic. Alejandra Libenson
Psicóloga, Psicopedagoga
Especialista en crianza, vínculos familiares, pareja y fertilidad
Autora del libro “Criando hijos,creando personas”

El Juego y los Niños

Los niños juegan, y su principal aprendizaje ocurre mediante el juego. Los niños están diseñados para ser curiosos. Desde el nacimiento, quieren saberlo y averiguarlo todo. Los niños están encaminados hacia el triunfo. Ellos están constantemente retándose a sí mismos y pueden realmente lograr todo eso a través de un proceso implantado biológicamente, que nosotros llamamos juego.

Si los niños jugasen durante toda su infancia (lo digo en serio), estarían listos para la vida. Serían emocionalmente fuertes (siempre y cuando no se haya producido otro daño), y tendrían todas las habilidades básicas para afrontar la vida. A ellos les encanta palpar la vida. Nuestra ansiedad para que los niños conozcan ciertas cosas a edades específicas es un enorme obstáculo para confiar y permitir el desarrollo natural.
Para los niños, la vida es jugar y jugar es aprender. Cintas para el pelo se convierten en flechas para lanzar a un objetivo con una habilidad impresionante. El columpio puede girar si se lo tuerce, y luego regresa en la otra dirección. Las posibilidades son infinites. A pesar de que ellos no siempre ponen lo que han aprendido en palabras o ecuaciones, ellos aprenden. Nombrar las cosas no es el descubrimiento – es entender el fenómeno en sí mismo lo que importa.
Cuando los niños quieren nuestra participación, debemos jugar en forma auténtica. Necesitamos estar interesados – no interesantes; dejar al niño liderar el juego, y nosotros unirnos como un verdadero compañero. No evaluaciones, halagos, o liderazgo ni tampoco entusiasmo exagerado – solo siendo un compañero auténtico e igual.
Los niños son estupendos compañeros de juegos de otros niños precisamente porque ellos son auténticos. Los niños no necesitan ser de la misma o similar edad para jugar juntos, y a ellos les va mejor cuando escogen a sus propios compañeros de juego.
La vida es un juego. Tal vez los adultos han madurado y olvidado este elemento esencial de la vida llamado juego. Nos hemos vuelto serios y hemos hecho una distinción artificial entre juego y trabajo y entre juego y estudio. Nuestros niños están aquí para enseñarnos a iluminarnos, a poner una chispa en nuestros ojos y Jugar la Vida.
Todo juego que incluya más de una persona es social. Cuando un niño juega con otro (de cualquier edad, incluyendo adultos), las habilidades sociales están siendo aprendidas mientras los sentimientos y necesidades del otro jugador tienen que ser tomadas en cuenta.
Cuando los niños “ensayan” la vida ocurre un entrenamiento social específico. Los juegos de actuación en los que los niños interpretan roles de padres, animales, plantas, etc., son una forma de asimilar la realidad, aliviar los temores y ponerlo todo a prueba.

Naomi Aldort.

Hasta cuándo los cinco sentidos

Hace como un mes llegó a mi casa un libro que inspiró la escritura de este artículo. El libro, dirigido a niños y niñas, se titula ¨Cinco sentidos son¨ y como ustedes podrán preveer habla de los cinco sentidos, para que los más pequeños vayan integrando los canales sensoriales que los comunican con el mundo. Así, en palabras simples y mediante imágenes explicativas, los niños comprenden que hay partes de su cuerpo que les permiten conectarse con el mundo. La pregunta es sencilla ¿Son realmente cinco nuestros sentidos?

Me parece importante destacar que encuentro fascinante que desde pequeños nos vayamos relacionando con nuestro cuerpo, entendiendo que hay canales que son un puente hacia el mundo… millones de receptores ubicados en los ojos, oídos, papilas gustativas, piel y nariz, ávidos de información por transducir… millones de ondas físicas y químicas que finalmente se convertirán en el lenguaje de nuestro sistema nervioso: potenciales de acción que viajan de neurona en neurona en redes sincronizadas que de manera asombrosa se traducen en consciencia ¡Qué rico el sabor de este helado! ¡Qué intenso ese olor! ¡Ráscame la espalda por favor! Ahhhh! qué delicia!

No obstante, y he aquí mi queja formal y profunda, me parece inaudito que desde hace tanto tiempo sólo se hable de los cinco sentidos como si fueran los únicos canales sensoriales que poseemos. Es más, mucha gente habla del sexto sentido como la intuición. Y esto es complejo, porque nos estamos quedando con la mitad de la foto desde pequeños, puesto que fuera de esta imagen se quedan los puentes hacia el propio cuerpo  que son, el sentido propioceptivo y el sentido vestibular ¿Será que el hecho de que tengan nombres tan raros los ha hecho quedar marginados de las narrativas infantiles? o es que la atención está tan puesta en lo externo que hemos perdido de vista lo interno.

Lo complejo es que no sólo a los niños y niñas se les omiten estos sentidos a través de los libros, son muchos los adultos que aún no están familiarizados con estos canales sensoriales. En mi caso, me enteré de ellos en la universidad y cuando comencé a estudiarlos ¡aluciné!. Muchas veces me tocó presentarlos a distintas audiencias y particular sorpresa me causó que incluso en audiencias de educadores, para algunos estos sentidos seguían siendo un enigma. Lo sé, tenemos el mal hábito de esperar que los profesores sean maestros de todas las artes, pero ¿No es el estudio del cuerpo un tópico fundamental para quienes se formen en educar seres humanos? ¿O también les corresponde la imagen cortada?

Estos sentidos, el vestibular y el propioceptivo, son los sistemas sensoriales que nos relacionan con nuestro cuerpo vivo en el espacio (al especificar vivo me refiero al cuerpo en movimiento) y junto al sentido del tacto son, a diferencia de los otros sentidos, sistemas sensoriales que no pueden estar ausentes en un 100%, es decir todos y cada uno de los seres humanos procesa día a día ingentes cantidades de estímulos propioceptivos y vestibulares. Claramente no todos procesamos la información de la misma forma e incluso hay quienes requieren apoyo para modular estos input sensoriales (de ahí los trastornos de procesamiento sensorial) pero ciertamente, no podemos tener ceguera propioceptiva o vestibular. A diferencia de los otros sentidos que sí pueden estar ausentes, son los casos de la ceguera, anosmia, ageusia o sordera.

Veamos entonces, qué hay en esta caja de pandora, cuáles son los sentidos que hemos estado excluyendo todo este tiempo.

Desde pediatrics-orthopedics.com

El sentido propioceptivo, recibe y procesa la información referente a la longitud y tensión de todos y cada uno de los músculos de nuestro cuerpo (¡Uau!) y también la compresión o distensión en las articulaciones. Es decir, cada vez que movemos un pie los receptores propioceptivos le están informando al sistema nervioso central qué sucede con nuestras extremidades (brazos y piernas) y el tronco. Esto nos permite tener consciencia de nuestro cuerpo en el espacio. Es gracias a estos complejos receptores que cuando tenemos los ojos cerrados sabemos perfectamente en qué posición están nuestros brazos, nuestras piernas, etc. Así, somos conscientes que somos cuerpo, que habitamos espacio en el espacio.

También podemos mapear ese espacio para relacionarnos efectivamente con él, de esta manera podemos saber cuánto tenemos que agacharnos para pasar por una puerta pequeña, o cuánto estirar el brazo para tomar un vaso, esto gracias a que esta información procesada en conjunto con información visual nos permite desarrollar lo que se conoce como esquema corporal: una representación cerebral de nuestro cuerpo en el espacio.

No está demás mencionar que existe un flujo dinámico de información, por una parte la información propioceptiva viaja por vías que se dirigen al Sistema Nervioso Central nutriendo y permitiendo la formación del esquema corporal entre otros, pero también ésta información almacenada le servirá al individuo para idear y planear estrategias motoras como sustrato sensorial. Esto, nos permite hipotetizar que aquel que tenga más experiencias sensoriales y motoras, nutrirá con mayor complejidad su esquema corporal y tendrá, como consecuencia, mayor posibilidad de experimentar con su cuerpo, puesto que tendrá una mejor conexión con éste y el espacio que él habita. Por ello, podríamos educir que no será lo mismo que un niño pequeño pase sus primeros años entre el coche, la silla nido y el andador… a que pase sus primeros años descubriendo su cuerpo a través del movimiento intencionado, explorando el mundo desde el suelo. Las consecuencias probables no sólo se traducen en un repertorio motor más amplio, si no también en las relaciones espaciales coordinadas que luego serán necesarias por ejemplo, para la lectoescritura.

Por otra parte, el sentido vestibular, sistema sensorial ubicado en el oído interno, va a nutrir al Sistema Nervioso Central con información referente a los movimientos de la cabeza en el espacio y su relación con la gravedad. Sus receptores, de bellísima complejidad, le informan al sistema nervioso central de las aceleraciones y movimientos de la cabeza en los distintos planos de movimiento. Este sistema sensorial está implicado en varios reflejos que permiten la orientación de la cabeza y cuello en el espacio, así como una vía eferente (que sale de ahí) y activa la musculatura antigravitatoria, es decir, los músculos que nos permiten mantener nuestro cuerpo contra la gravedad, estos músculos se ubican principalmente (pero no exclusivamente) en la cara posterior de nuestro cuerpo, por ende, el sentido vestibular está muy conectado con la postura, la postura que nos permite por ejemplo, mantener la cabeza fija para observar el pizarrón cuando estamos sentados, permitiendo mantener la atención. Hemos hablado de ello anteriormente.

Ahora bien, el mundo y la información que nos rodea nos invita a conectarnos siempre con lo externo y enfocarnos esos canales de comunicación… los ojos y oídos como reyes de la fiesta. El artículo de hoy buscar cambiar el foco de esa atención a conectarnos con el cuerpo mismo y dejar descansar los, muchas veces sobre estimulados, cinco sentidos.

Ojalá pudiéramos cambiar ese foco de atención también en la educación preescolar y escolar, evitando que las salas donde los más pequeños pasan gran parte del día parezcan circos de estimulación visual y nos atrevamos a sacar esas sillas pequeñas que esclavizan los cuerpos de nuestros niños y niñas para promover el movimiento, la danza y el juego sensoriomotor, es por ello que se vuelve urgente fomentar los espacios dedicados al juego al interior de jardines, escuelas y plazas públicas. Somos cuerpo ante todo. Nuestro cuerpo se nutre del movimiento con sentido, con intención. En relación a ello, comparto profundamente lo planteado hace más de 50 años por Moshe Feldenkrais ¨Aprender el movimiento de manera fácil y graciosa: es más importante de lo que se piensa¨ Ese aprendizaje necesita de adultos conscientes para manifestarse, necesita tiempo y necesita espacios… necesita que nosotros mismos, los ¨grandes¨, nos reconectemos con nuestros cuerpos, quizás por ahí está la clave.

 

 

 

Dejémoslos Jugar

Probablemente uno de los espacios públicos que más me gusta visitar son las plazas, primero porque Samuel (mi hijo) se divierte jugando y mientras yo lo acompaño, me dedico a observar cómo juegan los niños y las niñas de distintas edades, cómo interactúan entre ellos y cómo interactúan con sus padres o cuidadores que los acompañan, y es ahí donde nos vamos a detener hoy.

El análisis que les presento, absolutamente subjetivo por lo demás, corresponde a mis visitas a plazas de La Serena, Coquimbo, Viña del Mar y Santiago en Chile, Buenos Aires en Argentina y acá en Melbourne, Australia. Les cuento los lugares para que se hagan la idea de un grupo diverso de familias, para no encasillar el análisis a un grupo determinado cultural o económicamente.

Ante todo, vamos a ver qué entendemos por juego. ¿Qué es jugar? Probablemente para profundizar efectivamente en el término, deberíamos investigar qué nos dice la psicología del desarrollo o la terapia ocupacional, puesto que Jugar es la ocupación del niño. No obstante, seremos más amplios en la búsqueda y veremos qué nos dicen los diccionarios para definir el término. Para ello, nos centramos en los resultados de la Real Academia Española para el término en castellano y el diccionario de Oxford para el término en inglés. Ambas definiciones coinciden en que jugar es una actividad que se realiza con el único propósito de entretenerse y disfrutar, el término en inglés señala explícitamente que jugar no tiene un objetivo serio o práctico.

Sucede que al observar cómo nos comportamos muchas veces los padres, pareciera ser que quien está jugando no es el niño, si no el papá…o aún más complejo, el papá o mamá asume un rol de “director de orquesta” determinando a qué juegos se sube el pequeño y no es raro escuchar “ahora el resbalín, ahora el columpio” “pasa por acá, sube por allá” Lógicamente, queremos promover en las familias, darse el tiempo para compartir y disfrutar la plaza. Pero no olvidemos, que tanto la ideación de un plan motor para lograr un objetivo (como trepar una escalera para poder tirarme por el resbalín), como la planificación concreta del acto motor (tengo que poner un pie acá, el otro allá, quizás empujarme con la mano desde acá, etc) son parte de los componentes cognitivos que los niños y niñas van poniendo a prueba cada vez que usan su cuerpo para lograr algo que los motiva y les entrega satisfacción. No obstante, ambos componentes,  se anulan cuando alguien nos va diciendo qué hacer y cómo hacerlo, poniendo en “jaque” también la motivación intrínseca del pequeño y la posibilidad de disfrutar del juego. Bajo ésta lógica, los juegos infantiles no debieran significar para el niño o niña un espacio de competición o auto-exigencia para cubrir las expectativas del adulto que lo acompaña, si no un espacio de exploración libre en que el niño vaya desplegando su potencial a su escala.

Muchas veces nos acercamos a padres o madres que tienen niños de edades similares, entonces viene la inocente pregunta “¿Cuántos años tiene tu hijo?” y resulta que aquel hábil niño que se columpia feliz tiene un mes menos que el nuestro, pero cada vez que intento poner a mi hijo en el columpio no quiere… Y ahí, uno se empieza a sentir mal y a comparar… ¿Por qué mi hijo no puede, si tienen la misma edad? Y resulta que mi hijo prefiere estar en el suelo recogiendo ramitas y armar casitas para dinosaurios. Así, este artículo se relaciona mucho el artículo anterior sobre perfiles sensoriales, que nos invita a entender el movimiento como una respuesta a los estímulos sensoriales que vamos percibiendo de nuestro entorno donde el movimiento es uno de los posibles canales de respuesta. Porque como siempre vamos destacando, cada niño es distinto y tienen ritmos personales que los van distinguiendo… si a todos nos gustara volar en columpios…entonces todos seríamos pilotos, pero ¡Resulta que también hay biólogos, poetas y pintoras!

Entender la diversidad y los ritmos personales, nos permite tener más calma y no generar climas de tensión o cuestionamiento. En su mayoría, los niños y niñas saben cuáles son los juegos o los estímulos que necesitan y si aún no lo saben, la plaza en libertad representa un buen espacio para encontrar las respuestas. Así también, saben cuáles son las sensaciones que no les gustan y prefieren evitar. Recuerdo un día en Santiago, en que intenté subir a Samuel al columpio, al lado de una niñita que volaba por los aires y un papá autómata que le echaba vuelo, mientras revisaba su moderno celular. Samuel se puso a llorar y yo rápidamente lo bajé del columpio, entendiendo que era una hiperrespuesta dado a que sus umbrales sensoriales (táctiles y vestibulares) son más bajos, entonces responde de manera defensiva a estos estímulos, al igual que su papá. El papá de la niñita me miró y me dijo: Tienes que dejarlo nomás, a mi hija le tomó como 6 meses acostumbrarse y mírala, ahora está feliz. Yo pensé en cómo habrán sido esos 6 meses para esa polluela, de adaptarse a un súper estímulo. Yo no seguí su consejo de terapia de shock y casi un año después, después de escalar durante mucho rato el resbalín (Yo sé que parece raro “escalar el resbalín”, pero efectivamente trepaba por el resbalín y cuando estaba arriba se tiraba de guata), Samuel se acercó al columpio y para mi sorpresa, me pidió que lo subiera y desde ese día nunca más ha dejado de columpiarse en todas las plazas.

Mi consejo es darse tiempo para observar a nuestros pequeños, apoyarlos y ofrecer nuestra ayuda cuando la necesiten, pero no imponer lo que nosotros creemos que es más entretenido. Dar espacios para cultivar nuestra observación e ir conectándonos con lo que nuestro hijo o hija quiere hacer y si eso implica buscar hadas en los árboles o juntar ramitas y hacer casitas, en vez de tirarse por el resbalín, entonces acompañarlo…inventar historias sobre los animales o las personas que habitan las casitas, pasarlo bien.

Finalmente, es importante recordar también, que las plazas son un mundo para los niños y quizás algunos necesitan más tiempo para ir reconociendo y sintiéndose cómodos en el espacio, para poder explorarlo. Así también, nosotros debemos ir relajándonos y no imponer a nuestros seres más pequeños y pequeñas los modelos que abundan en el “mundo de los grandes” de competencia y de exitismo: Dónde, muchas veces, más importante que disfrutar y pasarlo bien es ser mejor que el otro.

(Moverse en Libertad)